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Qué es eso de ‘feminizar la política’

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Desde hace días el término tomó fuerza para hablar de elecciones presidenciales en el país. ¿De qué hablamos cuando hablamos de una feminización de la política? Más allá de buscar una sola definición, en MANIFIESTA quisimos entender si hablar de esto le conviene a nuestros derechos.

abril 16, 2021

Desde hace días el término tomó fuerza para hablar de elecciones presidenciales en el país. ¿De qué hablamos cuando hablamos de una feminización de la política? Más allá de buscar una sola definición, en MANIFIESTA quisimos entender si hablar de esto le conviene a nuestros derechos.

“Hoy estamos en lugares distintos, pero con un propósito común: feminizar el poder, feminizar el Estado, desobedecer y proponer. Por eso estamos aquí”. La frase la dijo la precandidata presidencial Ángela María Robledo en la Convención Nacional Feminista, un evento que tuvo lugar el pasado 5 y 6 de abril en Honda, Tolima, cuyo objetivo fue aclamar la candidatura de ella y de su compañera Francia Márquez a la presidencia. 

Algunas declaraciones y conceptos repetidos por las candidatas resonaron en los medios de comunicación, que se preguntaban por el propósito común de Ángela María Robledo y Francia Márquez en una eventual llegada a la Presidencia de Colombia: la feminización del poder, del Estado y, en últimas, de la política. “‘Queremos feminizar el poder y la política’, Ángela Robledo sobre encuentro con Francia Márquez”, publicó la emisora W Radio un par de días después. Medios feministas como Volcánicas también hablaron de ‘feminizar la política’ para explicar lo sucedido en la Convención Nacional Feminista.

¿Más mujeres en cargos de política representativa? ¿Más mujeres votando? ¿Una forma de hacer política que se alinee con una ética de vida feminista? ¿Que ahora vamos a poder votar por mujeres líderes de los movimientos feministas? ¿A qué se refiere eso de ‘feminizar la política? En MANIFIESTA quisimos entender de dónde viene este concepto que está sonando en las discusiones públicas del país desde hace unos días y que probablemente va a abrir nuevas discusiones en nuestro panorama electoral.

Como nos explicó María Camila Moncada, magíster en Estudios Internacionales, investigadora académica y consultora en asuntos de género y política, este término nace de la teoría feminista, y se fue construyendo a través de la observación del ejercicio político en discusiones sobre la apertura de la democracia y preguntas que fueron surgiendo por la representación en política. María Camila igualmente aclara que no es una categoría de análisis dentro de la academia. 

Es por esto que la feminización de la política no es un concepto fácil de ubicar en la historia, ni de definir con una única verdad. De hecho, encontramos tres definiciones que se paran desde distintos puntos y que conversan entre sí.

Las definiciones que arroja internet sobre la palabra “feminización” son varias. Algunas hablan  de una “expresión que indica acción o proceso en el que se da o aparece la feminidad”, otras hablan de “caracteres sexuales femeninos”. Es decir, parten de la idea de que existen características “femeninas”.

Si nos guiamos por esas definiciones, la feminización de la política podría ser, entonces, una forma de hacer política con aquello con lo que se relaciona estereotípicamente a las mujeres. Y ahí nos nace la pregunta: ¿hablar de este término es hablar de feminismo, o todo lo contrario?

“Lo femenino”

Bajo esa forma de entender el término Laura Carolina Vásquez Roa, activista feminista, señala que le resulta incómodo, porque “partiría de la idea de que hay unas formas de hacer política asociadas a unos roles de género establecidos; donde hay ciertas maneras de comportarse que son femeninas y otras que son masculinas”. Esto podría entenderse, entonces, como una forma de hacer política suave, delicada, cuidadosa y todos estos preceptos sociales que definen la feminidad, pero que no pueden definir lo que es ser mujer. 

En su opinión, se trata de una definición esencialista.

Angélica Bernal, profesora titular de Ciencia Política de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y experta investigadora en temas de ciudadanía y participación política de las mujeres, entiende la misma definición: “A primera vista implica que hay una especie de esencia femenina en la que todo el actuar de las mujeres en política está determinado por algún tipo de esencia femenina que se reproduce cuando las mujeres hacen política”, explica. “Y eso realmente es muy difícil de evidenciar, porque no hay una sola forma en que las mujeres hacen política”. 

Aclara, además, que el quehacer político de las mujeres está determinado, entre otras cosas, por sus ideologías. No es lo mismo una mujer de izquierda a una conservadora, ni es igual la experiencia política de una mujer joven en organizaciones juveniles comunitarias, a una mujer adulta en la estructura de un partido político.

Hablar de una feminización de la política en esos términos, explica Ángela, es hacer “una simplificación de lo que en realidad es una multiplicidad de experiencias, muchas de las cuales no transforman la política sino que reproducen un modelo tradicional”. Es decir, desde esta orilla de definición, hablar de feminizar la política no se relaciona con una política feminista, sino más bien lo opuesto.

Somos más de la mitad: merecemos al menos la mitad

Al igual que la feminización de la pobreza, que habla de que hay un mayor número de mujeres entre las personas pobres, hay quienes consideran que la feminización de la política tiene que ver con que más mujeres hagan parte de la política. 

Tiene sentido la petición, teniendo en cuenta que según el más reciente Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018 del DANE, el 51,2 % de la población colombiana son mujeres. Sin embargo, de acuerdo con el Balance de gobernadoras y alcaldesas electas para el periodo 2020 – 2023 realizado por la Registraduría y ONU Mujeres, solo dos mujeres obtuvieron el cargo de gobernadoras. Esto representa el 6,25 % de las 32 gobernaciones.

Si miramos las alcaldías, 132 mujeres fueron electas alcaldesas, eso es el 12,01 % del total de alcaldías del territorio nacional. Y si miramos el Congreso de la República, de 258 congresistas que hay en las dos cámaras, 56 son mujeres: el 21,7 %. En este momento las mujeres no llegan a ser ni un cuarto del Congreso.

A esta petición se unen mujeres como Catalina Ruiz-Navarro, directora del medio feminista Volcánicas, quien en un Instagram Live que realizaron el pasado 8 de abril, se refirieron de manera amplia a este concepto. Según Catalina, cuando se habla de feminizar la política lo que estamos haciendo es que haya cada vez más mujeres en la política. Aunque ella misma precisa que el hecho de que sean mujeres no garantizará que vayan a ser feministas o buenas políticas.

El mayor ejemplo de esto es el de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. Es la primera vez que en Colombia una mujer llega a ese cargo y, sin embargo, lo hace de la mano de un gobierno que ha buscado retomar la aspersión aérea con glifosato aún cuando se sabe que entre los efectos nocivos del herbicida se cuentan los abortos espontáneos, por dar solo un ejemplo.

Lo mismo pasa con partidos que suelen cumplir con la ley de paridad y que han puesto a mujeres en la cabeza de sus listas al Congreso, pues son los más conservadores y de ideologías más a la derecha, más antiderechos. Aunque también hay que reconocer que las bancadas multipartidistas de mujeres en el Congreso han tenido logros como la ley de feminicidios y la de prevención y sanción de las violencias contra las mujeres.

En opinión de Catalina, más mujeres en el poder sí nos da más probabilidad de que haya mujeres feministas o personas trans o no binarias en política representativa.

En el mismo sentido opina Laura Torres Betancourt, quien hace parte de varios movimientos feministas: “Que haya más mujeres en la política sí nos muestra posibilidades distintas de hacer política, porque también están atravesadas desde las experiencias de las mujeres (…) que son absolutamente distintas a las de los varones”.

Francia Márquez en la Convención Nacional Feminista. Foto por Victoria Holguín.

Aunque también reconoce que no tener partidos con políticas feministas ha desencadenado en que haya “muchas mujeres con agendas de partidos mixtos en donde el enfoque feminista y de derechos de las mujeres no hacen parte de sus prioridades”. 

Para ambas, considerar ese concepto de la feminización en términos paritarios, puede ser un mecanismo para hacer política feminista, porque finalmente el camino hacia una política que reivindique nuestros derechos va a tener más chance de suceder si hay más de nosotras en el poder.

Sin embargo, mujeres como Angélica, cuestionan esta consideración, pues para ella “no basta con que haya más mujeres en política cuando por ejemplo las tasas de desempleo de las mujeres son altísimas o las mujeres siguen ganando sueldos más bajos o la mayor parte de las mujeres están contratadas a tiempo parcial o de manera informal”. En su opinión, lo que se necesita es una compresión más completa de la sociedad.

Feminización de la política = Política feminista

La académica española Silvia L. Gil, escribió en 2016 un ensayo en el que señala que la feminización de la política “puede entenderse como la extensión de la práctica feminista al conjunto diverso de lo político”.

En esto coincide Marta Restrepo López, integrante del movimiento político Estamos Listas, quien señala que “plantear la necesidad de feminizar la política pasa directamente por pensar al feminismo como un proyecto político común específico y posible para una mayoría”. 

Comisionadas en la Convención Nacional Feminista. Foto por Victoria Holguín.

Y aclara que cuando Estamos Listas habla de este término “no estamos planteando una política hecha por mujeres identitariamente”, sino de “una política de redistribución económica, del poder y de justicia feminista”, entendiendo que “el feminismo es el proyecto político común internacional más importante para disputarle al fascismo, al capitalismo y a la hegemonía el poder”.

Por su parte Beatriz Quintero, activista feminista de la Red Nacional de Mujeres, dice que “con las propuestas de feminizar la política estamos enriqueciendo la democracia”, en el sentido de “buscar una democracia donde las mujeres, en plural y en toda su diversidad, estén incluidas”. Es por esto que Beatriz propone una resignificación del término que, en su opinión, ha sido usado de forma negativa, para “pasar de que solo sean más mujeres en el poder, a que sean más mujeres con un contenido democrático que vele por las mujeres en su diversidad, incluyendo a aquellas que no se sientan feministas”.

Un camino hacia la despatriarcalización

Si algo queda claro con que haya más de una definición para hablar de la feminización de la política es que las mujeres hemos estado más dedicadas a llegar a espacios de poder representativo para hacer política, que en definir conceptualizaciones sobre estas dinámicas. 

La discusión está viva. Por un lado, hay feministas que señalan la importancia de reconocer que históricamente las mujeres sí han hecho política en Colombia. Y que muchas veces esa manera de hacer política ha sido invalidada por los que siguen en el poder. Por otro lado, muchas enfatizan que lo que hay que buscar, en definitiva, es la despatriarcalización del poder, más que la feminización de la política.

Francia Márquez y Ángela María Robledo. Foto por Victoria Holguín.

Quizá una manera de lograr esto es que cuando alguien vuelva a poner en el debate público este término, nos preguntemos sobre quién lo está usando, desde qué lugar habla y qué significado quiere comunicar con el uso de este concepto. Cuestionar siempre es importante, sobre todo para el panorama electoral que se nos viene encima.

Por ejemplo, en el caso de Ángela María Robledo y Francia Márquez, las actuales precandidatas abiertamente feministas de Colombia, hablaron en la convención de feminizar la política como una idea para cambiar las formas en las que se ha ejercido la política hasta ahora, en donde la despatriarcalización del poder tendría un papel protagónico. 

Y hay que apoyarlas basándonos en sus propuestas y en cómo estas generarían una transformación social, más que por estar adscritas a una ideología o usen un término específico. Porque al final, como dice Laura Carolina Vásquez Roa, “el feminismo no nos hace doctrinarias”.

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